divendres, 3 de maig de 2013

15M


Com que ja començo a tenir la impressió de que ja les he vist de tots els colors i el ventall cromàtic es repeteix tant, avui copiaré un text que m’ha sortir navegant i que exposa clarament el que cada vegada més, els fets, confirmen l’encertada opinió de l'autor "soldados del aftermundo" que el va fer. I si faig l’acció de copiar i enganxar, és amb l’ intenció de que si algun dia la pàgina del bloguer desapareixes, al menys en algun altre lloc, sempre i quan una hecatombe nuclear o natural no engegui a parir aquest controvertit planeta anomenat Terra, els historiadors del proper segle puguin trobar material per contrastar.
                                     desallotjament de la plaça Catalunya pels mossos d'esquadra 


JUEVES, 21 DE JULIO DE 2011
CÓMO SE TRAICIONÓ Y POR QUÉ FUE DERROTADA LA ACAMPADA DE PLAZA CATALUNYA

Prólogo

El autor del presente texto no milita en ningún partido, sindicato, colectivo, núcleo, u organización del tipo que sea porque considera que ninguna de las existentes se deben al movimiento real que abole y supera el estado de cosas actual. Su barrio es la humanidad y su grupo de afinidad son todos los explotados y oprimidos por el capitalismo que tengan la conciencia de serlo. En ese sentido, cuando, hace dos meses, los jóvenes precarios, los parados y, en general, todas las víctimas de esta sociedad caduca, irrumpieron en las plazas públicas de las grandes urbes capitalistas, fuera y en contra de los aparatos políticos del sistema, no pudo por menos que apoyar y participar progresivamente en las movilizaciones y deliberaciones del 15-M.

De qué forma toda esa gran masa y todo ese apoyo social primigenio, acampado, se fue dilapidando, poco a poco, y cómo y qué fuerzas instigaron y maniobraron, desde dentro y desde fuera, tras sumirnos en la parálisis, para sacarnos de la plaza, al poco de que el Estado fuera incapaz de hacerlo por la fuerza, es una de las muchas cuestiones que están por responder entre todos aquellos que apoyaron y formaron, hasta el final, parte de aquélla experiencia.


Fruto de esa misma experiencia acumulada en la acampada, de diferente información empírica recogida, en su entorno, y de la discusión con algunos compañeros, tras ser desalojados de la plaza, en la madrugada del 30 de junio —noche en la que un centenar y pico de “okupas, yonkis, antisistema y desequilibrados mentales”, salvamos mucho más que el honor de esa supuesta #spanishrevolution, que otros no supieron ni quisieron defender—, nace el convencimiento de poner por escrito una primera conclusión que se presenta aquí en forma de una veintena de puntos o tesis.

Un movimiento que no siente la necesidad de hacer un balance de sus derrotas y de los golpes infligidos por el enemigo, no está en condiciones de continuar luchando en la misma senda en la que empezó, ya que deviene un mero juguete en manos de sus contrarios. Por eso mismo, esta explicación de cómo y por qué la acampada de Barcelona —la única, de las dos grandes, que resistió hasta el final— fue derrotada, pretende ser, ante todo, un instrumento de combate y de reflexión en manos de la disidencia anticapitalista.

Tesis


1. Qué era y qué no es el 15-M
2. Quién lo dirige
3. El porqué de las acampadas
4. La singularidad anticapitalista de la acampada de Barcelona. Sus principios.
5. La debilidad de la acampada. La infiltración política y el cortafuego reformista.
6. El papel de las comisiones
7. ¿Dónde estaban los violentos? La verdadera función del pacifismo.
8. La pérdida de apoyo a la plaza
9. Los peones del Estado en el seno de la acampada. Militantes y provocadores.
10. El día después del 27-M
11. Siendo dueños de la plaza ¿a qué respondía la voluntad de levantar la acampada?
12. Grupos de trabajo: extensión y continuidad.
13. La madre de todas las discordias. La asamblea del 5 de junio.
14. La resolución aprobada y la verdadera intención de sus promotores
15. Sorpresa entre las comisiones
16. La resistencia antes los manejos ajenos a la acampada no gusta al reformismo militante
17. La comisión de comunicación pasa al ataque e impone la cuarentena informativa
18. Una escisión preparada, pero no anunciada: la asamblea del 10 de junio.
19. La ofensiva propagandística y la manipulación ideológica contra la plaza
20. El anzuelo de las asambleas de barrio
21. El anzuelo de la descentralización
22. Los desertores de la plaza se retratan ante las movilizaciones del Parlament y del 19-J
23. Debilidad y error fatal de los acampados. Inmadurez del movimiento.
24. Tras el golpe de Estado, Napoleón se corona a sí mismo: la trovada de barris del 26-J
25. Querían vender la acampada de Barcelona por un módulo de obra de 3x4
26. Perdida la plaza ¿ha muerto el 15-M? Prioridad: hacer balance


1) El 15-M inicia su andadura como un movimiento interclasista en el que momentáneamente confluyen los intereses de una pequeña burguesía amenazada y venida a menos por la crisis —expresados mayormente a través de estudiantes universitarios, artistas, autónomos…— y los de un proletariado conformado por jóvenes precarios —asalariados— y parados de larga duración. A diferencia de las reivindicaciones sectoriales de los funcionarios públicos o de cualquier colectivo sindical de trabajadores o ciudadanos contra los recortes en marcha (todas esas movilizaciones existían con anterioridad), que son presentadas, ahora, como supuesta continuidad del movimiento, el polo de organización de éste giraba en torno a las plazas centrales de Madrid y Barcelona, donde, por vez primera, los precarios, parados y explotados se reunieron con la necesidad de debatir y tratar de emprender acciones FUERA DEL CONTROL DE LOS APARATOS POLÍTICOS DEL CAPITALISMO. Esa fue la característica rupturista, genuina e idenficadora, del movimiento.



2) En esta composición interclasista, la base social mayoritaria corresponde, en un primer momento, al segundo sector, mientras que la dirección política está, de una forma clara, en manos de la clase culturalmente más preparada, cuya hegemonía ideológica ha inclinado la balanza hacia la reivindicación de reformas democráticas del sistema en detrimento de las demandas anticapitalistas y los ataques al sistema.



3) La necesidad de las acampadas surge como el fruto inédito de una situación igualmente inédita: La profundidad de la crisis, el paro juvenil y general, retratan, como nunca, para los sectores arriba mencionados, la inutilidad de los espacios habituales para la participación política (los partidos y sindicatos existentes). Tomar la calle, de forma espontánea y en permanencia, se convierte en la mejor forma para hacer visible, productivo y madurable, el hartazgo y rechazo de las condiciones de vida impuestas por el capitalismo.



4) Por lo que hace a la acampada de Barcelona, que surge por mimetismo espontáneo de la que se produce en Madrid, a mediados de mayo, tras la manifestación convocada por la plataforma Democracia Real Ya, su Declaración de Principios dejaba entrever, cómo, en los primeros días, la fuerza y pujanza de la base anticapitalista, apartidista, aunque inexperta políticamente, es mucho más fuerte que en la capital —lo que explicará tanto la prolongación de la acampada más allá de la madrileña como la negativa final a abandonar la plaza ante la presión del ayuntamiento—, bien que, por esa misma falta de experiencia y organización, dicha base irá perdiendo peso, poco a poco, de la mano de la parálisis política, del reformismo y pacifismo extremos que cultivara la pequeña burguesía militante a través de distintos grupos políticos implantados en las comisiones.



5) El problema principal de la acampada, su herida de muerte, abierta al poco de iniciar su andadura será, precisamente, ese; el incontestado cortafuego reformista y ciudadano que los partidos políticos infiltrados en el movimiento consiguen erigir, aprovechando su mayor experiencia y organización, para evitar, a toda costa, un efecto llamada que refuerce las demandas y la base proletaria de la indignación.



6) En esa línea, aunque algunas de las comisiones temáticas tuvieron un papel positivo de fomento de la participación y actuaron, en la práctica, como los embriones de lo que más tarde podrían ser colectivos más políticos o, incluso, revolucionarios, la gran mayoría de ellas —comisión de sanidad, medio ambiente, teatro, diversidad sexual, diversidad funcional… Reiki, espiritualidad…—, acusadas por múltiples asistentes a la acampada de ser innecesarias y de copar el tiempo informando de sus actividades en las asambleas, fueron efectivamente concebidas, en un principio, como compartimentos reformistas con los que obstaculizador el avance y la acción de un movimiento de resistencia al capitalismo.



7) De la misma manera, en el terreno ideológico, los continuos cánticos al humanismo, al pacifismo, a la no-violencia, etc. lejos de responder a ninguna táctica “inteligente” frente al Estado o a la neutralización de supuestos grupos partidarios de cometer acciones violentas (inexistentes), tuvieron como objetivo evitar, a la larga, lo que el sistema temía: que la plaza se convirtiera en un punto de reunión permanente para el debate y la organización de precarios, explotados y parados.



8) Fruto de lo anterior, y de la falta de organización de los anticapitalistas para responder unidos a dicha situación, poco a poco, la simpatía y el interés mostrado de parte de las víctimas del sistema hacia las expectativas que pudiera albergar la acampada —tocaron su techo al inicio de la misma y tras el frustrado intento de desalojo por parte de la policía— decaerán hasta desmotivar a los acampados más combativos, haciéndoles vulnerables a las presiones del Estado por levantar la acampada y abandonar la plaza.



9) En paralelo a ello, el Estado capitalista, comprobada la imposibilidad de llevar a cabo un primer desalojo por la fuerza, optó por minar desde dentro la voluntad de resistencia de la acampada, utilizando, por un lado, la infiltración política y el contacto con los partidos reformistas presentes en las comisiones (1) y, por otro, utilizando la introducción descarada de todo tipo de elementos perturbadores (provocadores violentos, ladrones, borrachos, enfermos mentales, agresores sexuales, drogadictos…) para causar problemas y desestabilizar la plaza durante la noche.



10) Así pues, tras el éxito y el apoyo masivo que recibió la plaza el 27 de mayo, en el máximo momento de confrontación con el Estado —todo lo que el reformismo quiere evitar—, el gigantesco caudal de simpatía hacia la plaza, que incluía el de miles de jóvenes de los barrios periféricos y obreros de la ciudad, que asomaban su cabeza, por vez primera, en sus inmediaciones, fue de nuevo dilapidado en un ambiente festivo, apolítico, que lo máximo que concretó fue pedir la dimisión de Felip Puig, acusado de todas las vilezas de las que, al mismo tiempo, se excusaba al conjunto del Estado capitalista. Como si con ello se pretendiera ocultar el hecho, bien candente, de que todo movimiento que se enfrenta al sistema acaba topándose siempre con su violento aparato represivo, en las asambleas inmediatamente posteriores, se insufló las mayores dosis de pacifismo y de apología de la no-violencia, nunca vistas, desde el grupo de «dinamización». Nunca un grupo tan numeroso de críticos con el sistema acudieron a un lugar céntrico de la ciudad a hacer algo por la spanish revolution y nunca volvieron a sus casas más encogidos de hombros ante la parálisis autocomplaciente que exhibía la acampada.



11) El éxito rotundo de la resistencia frente a la policía, tuvo, sin embargo, un impacto preocupante en la cabeza de los diferentes núcleos militantes del reformismo, que empezaban a tener una conciencia clara de que la acampada, por lo que representaba, era un elemento de fricción real con el Estado capitalista, al que había que dar una salida que redujera dicha tensión.


12) El día 1 de junio se constituye un grupo de trabajo, al margen de las comisiones, bautizado como continuidad en el que, bajo la supuesta tarea de elaborar un plan para extender el movimiento hacia el exterior y dotarle de una estructura organizativa que vaya más allá de la plaza, se trabaja, en realidad, —ver las actas en http://autoorganizacion.wordpress.com/2011/06/03/actas—02—06—2011/ (punto 5 del orden del día) y http://autoorganizacion.wordpress.com/2011/06/04/acta_reuniocontinuitat_03_06_11/— para quitarle hierro a la misma y acabar con la acampada. Esa presión va a expresarse también en el grupo denominado extensión



13) En la asamblea del domingo día 5 de junio, dicho grupo de trabajo presenta un texto con tres propuestas para votar. 1) Mantener la actividad en la plaza reorientando los esfuerzos, transformando sus estructuras y redirigiendo sus energías hacia la actividad diurna y la conexión con los barrios. 2) Toma de decisiones entre asamblea de base en los barrios, colectivos y comisiones temáticas y 3) creación de un espacio físico alternativo a la plaza, ocupado o cedido por el ayuntamiento que, sin excluir a la asamblea central, facilite celebrar reuniones con mayor seguridad. Ninguna de ellas afirma, categóricamente o no, que se levanta la acampada nocturna, ni que se abandona la plaza, pero, en la práctica y con posterioridad a esta asamblea —en la que finalmente se aprueba el punto primero—, todos los que se remiten a lo aprobado en ella para atacar a los acampados, dirán que se aprobó “el levantamiento de la acampada nocturna” o “el levantamiento de la acampada” a secas, lo cual es absolutamente falso…


14) Tras la resolución aprobada —nunca se hizo público por qué porcentaje de votos a favor y en contra salió adelante— que decía (traducida al castellano): «Proponemos mantener la actividad en la plaza reorientando los esfuerzos: por un lado, rediseñando las estructuras físicas, por otro redirigiendo la energía hacia la actividad diurna y la conexión con los barrios. Hagamos de la plaza un ágora permanente para todas y todos», se añadió la coletilla —fuera de votación— de que, en todo caso, si se salía de la plaza, se haría “a lo grande”, cuando las condiciones logísticas lo permitieran y cuando las premisas políticas estuvieran claras. Lo que demuestra, a las claras, con ese “si se salía de la plaza” que la intención de los que hicieron aprobar la resolución NO era «mantener la actividad en la plaza», dándole un nuevo impulso o enfoque, sino empezar a buscar una buena excusa para salir de ella.



15) El hecho de que desde intercomisiones se pidiera, en esa misma asamblea, a través de un texto, más tiempo para consensuar, acabar de concretar y estudiar más concienzudamente lo que se proponía en las tres opciones presentadas —las cuales se definían, en principio, como «válidas»—, da la medida de que lo expuesto por continuidad para votar en asamblea, cogía por sorpresa a las comisiones y de que se estaba forzando la votación en base a una voluntad de abandonar la plaza que el movimiento, como tal, no sentía. El grueso de los asistentes a las asambleas se mostraban contentos y exultantes de sentirse partícipes y protagonistas, por vez primera, de un movimiento al que muchos llamaban «revolución».



16) Muchos de los que tienen claro que no es posible un espacio de continuidad diurno, en la plaza, con diversas comisiones y estructuras, sin nadie que vele por ellas y las custodie por la noche, pasan a formar parte activa en los debates en el seno de continuidad de tal forma que logran dar la vuelta a la tortilla y, en la asamblea del día 8 de junio, informan de que tienen una solución para resolver los problemas de convivencia nocturna —violencia, alcohol, robos…— y una propuesta, para votar el viernes, que declare “el estado indefinido de la acampada y no hacer votar más su continuidad en asamblea” como se venía haciendo tendenciosamente cada semana. Dicha propuesta no será votada. A los militantes reformistas no les va a gustar nada la resistencia encontrada ante sus manejos. Hay cambios en el grupo de dinamización y la comisión de convivencia abandona la plaza a la vez que dice “reservarse la opinión” sobre el nuevo grupo de seguridad creado para solucionar los problemas nocturnos. En el ambiente empieza a mascarse una escisión en ciernes. El conjunto del reformismo se prepara para pasar a la ofensiva.



17) A partir del día 8, la página en Facebook de acampadabcn, gestionada por la comisión de Comunicación —sobre la que pesan acusaciones y sospechas de albergar a ex militantes y simpatizantes de partidos como UPyD, Ciutadans y el PSUC—, deja de colgar las actas de las asambleas y de informar puntualmente sobre la realización de las mismas, sometiendo lo que se debate en las plaza, a una suerte de cuarentena informativa. En lo que queda de mes, sólo se informará sobre cuatro asambleas realizadas en la plaza. Dos de menor importancia (la del día 12 que prepara la movilización del Parlament y la del 21 de la comisión de educación), y otras dos de calado político, que, sin lugar a dudas, coinciden claramente con la línea política de la comisión: la presentación de la asamblea de barrios del día 26 —recogida hasta siete veces y que fue concebida, en realidad, como un traspaso de poderes entre la plaza y “los barrios”— y la asamblea extraordinaria del 27 en la que todos los miembros de la comisión se personan en la plaza para votar a favor de abrir negociaciones con el ayuntamiento.



18) En la asamblea del día 10, de la que no se hace ningún anuncio público en el Facebook de acampadabcn, pero en la que se presenta un texto trascendental, sin previo aviso, que concita la oposición de la casi totalidad de las comisiones presentes en la plaza, se viven momentos de gran tensión (2). Los militantes del reformismo han preparado a conciencia la asamblea para hacer aprobar, por sorpresa, un texto en el que se “ratifica” el levantamiento de una acampada nocturna que, como hemos indicado, jamás se legitimó el día 5. Así, con una dinamización preparada a conciencia, en medio de una asistencia más baja de lo habitual, a causa de la lluvia, y una más que presumible afluencia de militantes para la ocasión, hacen aprobar una decisión completamente impopular hasta la fecha —la de levantar la acampada/ abandonar la plaza—, que venía siendo siempre derrotada de tal forma, que, para hacerla pasar, sus promotores tuvieron que enmascarar sus verdaderas intenciones, en el lenguaje sibilino de las tres propuestas presentadas el día 5. Ante esta maniobra, los acampados se encuentran desconcertados y sorprendidos. Apelan a que decisiones tan importantes no se aprueben por el sistema de mayoría simple, sino por un amplio consenso, pero desde dinamización se obstruye cualquier debate, al respecto, haciendo referencias, continuamente, a la resolución aprobada el día 5. A la una de la madrugada, se emite un comunicado para la prensa en el que se informa que «La Asamblea General de la #AcampadaBCN ratificó ayer, 10 de junio, la decisión tomada el pasado domingo : desmontar la mayoría de instalaciones». No existirá acta alguna de la asamblea ni información, en dicho comunicado, que, como mínimo, haga referencia a la falta total de acuerdo al respecto de lo votado. El grueso de los comisionados y acampados redactan un escrito cuestionando su legitimidad.



19) Tras la movilización contra el Parlament y la manifestación del día 19, en la que queda aparcada momentáneamente la polémica entre la acampada y sus detractores (los partidos reformistas infiltrados y su base social), la inquina contra la plaza redobla por parte de los desertores que ahora echarán mano de todos los argumentos que sirven los medios capitalistas contra los acampados —“okupas y drogadictos”— para desprestigiar la plaza. Las chácharas sobre la suciedad de la plaza (3) y la supuesta violencia que se vive en ella, van sobretodo dirigidas al sector pequeñoburgués, más ciudadano, del movimiento, mientras que para acabar de desmotivar y sustraerle al apoyo de los jóvenes precarios y de cuando anticapitalista hay aun entre sus simpatizantes, se van a buscar dos anzuelos mucho más políticos, complementarios entre sí, que afectarán, por igual, al sostén y reivindicación y de la defensa de la plaza: las organización por barrios y la “descentralización del movimiento”.



20) Como todo el mundo sabe, los barrios de las grandes ciudades no tuvieron ningún protagonismo en la eclosión del 15-M. La ocupación de las grandes plazas públicas de las capitales por los indignados supuso, ante todo, el abandono de toda adscripción territorial y localista, de toda reivindicación sectorial, geográfica, de tribu urbana o gueto, precisamente por salir a la calle impulsados por unos problemas comunes, generados por un mismo sistema económico y político. El encontrarse en la calle, reunidos en torno al centro de la urbe —el lugar donde mejor se hace visible, precisamente desde todos los ángulos de la ciudad, la protesta contra la precariedad y la explotación capitalistas— tuvo una fuerza y visibilidad que enardecieron, en un primer momento, la confianza de los explotados en sus propias fuerzas. Si el 15-M hubiese surgido desde las asambleas de los barrios, en un proceso de crecimiento, confluencia y coordinación rampante, que hubiera desembocado en las grandes concentraciones de las plazas públicas en los centros urbanos, sin duda, podríamos considerar esas asambleas de barrio como los polos organizativos del movimiento indignado, pero curiosamente, el proceso no ha sido ese. Los partidos de la extrema izquierda del sistema, infiltrados en el movimiento, llamaron a éste a organizarse por barrios, cuando el movimiento estaba aun en su apogeo, al poco tiempo de que el Estado intentara disolver, por la fuerza, las acampadas. El objetivo estaba claro. Por un lado, se trataba de acabar con la visibilidad y la centralidad de la indignación en el espacio público (la plaza) —precisamente lo que demandaban las autoridades capitalistas (4) — y, por otro, tomar definitivamente el control sobre el movimiento indignado, desde la penumbra de cada bario, habida cuenta de que las asambleas de barrio, mucho más pequeñas, son más fáciles de manipular y están penetradas, cuando no han sido directamente erigidas por todo un sector del reformismo que ha hecho, desde tiempo atrás, de la línea pequeñoburguesa del “trabajo de barrio” uno de sus ejes programáticos y estratégicos.


21) Mediante el segundo de los argumentos, el de la necesaria «descentralización» del movimiento, se echa mano de la ideología libertaria para convencer de abandonar la plaza al sector de jóvenes anticapitalistas más críticos con el reformismo y el pacifismo ideológicos imperantes en el seno de ésta, pero que, a pesar de ello, acuden a sus inmediaciones con las esperanza de un cambio. La descentralización, susurrada en sus oídos, se convierte, de pronto, en el antídoto para acabar con lo que algunos llamaban el “circo” de la plaza (“yoga revolucionario”, autoayuda, huertos, etc.), de tal forma que, gracias a ella, la gran masa que podía haber luchado para cambiar las cosas y para desenmascarar las maniobras que tuvieron lugar, en los momentos críticos, en pleno centro de Barcelona —enfocadas todas ellas a acabar con ese punto neurálgico, público, de reunión, organización, maduración y debate, de las víctimas del capitalismo, que era la plaza—, acabó por ver en esos barrios, la materialización lógica de una “descentralización” que aun muchos creen garante contra las decisiones burocráticas o las manipulaciones (¡Es precisamente todo lo contrario!). El hecho de que la consigna de “descentralizar el movimiento” emanara de los mismos grupos que, desde un comienzo, estuvieron conspirando para salir de la plaza, ya debería de ser suficiente como para entender que la descentralización, aplicada a las protestas sociales, es un embaucador truco ideológico, puesto siempre en circulación por una parte del reformismo, porque favorece la dispersión —y ya se ve cómo— de todo movimiento que se topa con el Estado capitalista.



22) Aunque, como hemos dicho, durante la semana de movilizaciones ante el Parlament y la manifestación internacional del 19-J, quedan aparcadas, momentáneamente, los disputas en torno a la continuidad de la plaza, éstos acontecimientos van a seguir retratando el proceder y el carácter de las fuerzas que se han auto-arrogado la dirección “responsable” del movimiento 15-M y que, casualmente, son las mismas que buscan terminar con la acampada. Tras una mañana en la que tan sólo se abuchea y rocía con espray a unos pocos políticos, al entrar al Parlament, pero en la que los medios de comunicación capitalistas hablan de las inmediaciones de la Ciudadela como del escenario de una auténtica orgía de violencia y asedio al Parlament, las fuerzas políticas del reformismo acampado, alarmadas ante el toque de silbato del Estado, y previniendo sobre el peligro de perder “apoyo ciudadano”, convocan una asamblea a las 13h, en las inmediaciones del Parque de la Ciudadela, donde se decide acabar con la acción y replegarse a la Plaza Sant Jaume para dejar salir a los políticos tranquilamente y que no se repitan las escenas de la mañana. En palabras de la rueda de prensa que se ofrece a los medios el mismo 19-J: «Nosaltres no podem ser responsables, ni ara ni en un futur, d’els qui no s’han adherit a l’esperit pacífic inspirat pel moviment del 15-M perquè, precisament, des de les places es promou canalitzar aquest descontentament d’una forma constructiva i no-violenta. Una mostra d’això és que malgrat les amenaçadores declaracions del President, l’assemblea va decidir no obstaculitzar la sortida dels parlamentaris i traslladar-se en manifestació a la Plaça Sant Jaume fent una sentada pacífica i cantant l’Estaca.»


Durante toda la tarde, a pesar de que, oficialmente, se ha desconvocado el sitio del Parlament, cientos de jóvenes y de trabajadores de la ciudad siguen acudiendo al lugar, animados por las noticias (5), de tal forma, que, desde la plaza Sant Jaume, se tienen que enviar continuamente grupos de dinamizadores, megáfono en mano, para informar de que “todo el mundo se ha ido a la plaza Sant Jaume” y de que aquí “sólo le hacemos el juego a los provocadores”. A pesar de su insistencia, no consiguen desalojar a los nuevos llegados que, en poco tiempo, empiezan a increpar a los des convocantes y se muestran reacios a marcharse. Los indignados que aguardaban frente a la salida del Zoo son invitados, desde los altavoces, a personarse en la salida principal que da al Paseo Lluís Companys, donde se decía que saldrían la mayoría de cargos políticos. Un vez allí, mientras son entretenidos con mil propuestas estériles, la policía corta rápidamente la calle Pujades e impide el paso a los que pretenden volver hacia la calle Wellington. La mayoría de políticos que salen a pie, lo hacen por la salida del Zoo.


Tanto el eco social que concita la acción ante el Parlament, con todo el revuelo mediático, como el desbordante éxito de convocatoria de la manifestación del 19-J, evidencian que el malestar y la indignación contra el capitalismo y sus políticos, ha precisado y precisa, de parte del sistema, de un dique político de contención de nuevo cuño, diferente a los usados por éste hasta el momento. Las timoratas llamadas a la calma y el escrupuloso control pacifista, que, tanto desde la comisión de comunicación —desde su abandono de la plaza no dará cuenta de su actividad más que a sí misma—, como el ejercido in-situ, por los dinamizadores reformistas, lejos de responder a una decisión táctica, frente al poder, son, más bien, en el panorama actual, el síntoma clarísimo de ese rol, para «canalizar el descontento» —hacia una vía muerta, inofensiva con el sistema—, molestando lo menos posible a su Estado.


Tras la manifestación del 19-J, los dinamizadores a pie de calle se esforzarán durante un buen rato en evitar que los manifestantes siguieran entrando espontáneamente en el Parque de la Ciudadela ( y en intentar sacar a los que estaban dentro), temerosos de que se adentraran hasta el Parlament para acampar o lanzar objetos. Esta vez se dijo que en Plaza Catalunya iba a tener lugar una importante asamblea «para organizarnos mejor». En la plaza sólo hubo un escueto pase de vídeos y música. Nada más.



23) Terminado el paréntesis de la semana del 14 y 19-J, en otro palmario ejemplo de ello, se desata la ofensiva final contra la plaza, por parte de los núcleos reformistas. El éxito de ambas movilizaciones es usado para atacar la plaza acusando de autistas a los acampados y de no darse cuenta de que, mientras el apoyo social a la acampada desciende, la indignación en otros frentes toma una fuerza cada vez mayor. En los foros de Internet se repite sin cesar que la plaza se niega a aceptar las decisiones de la asamblea y que la permanencia en de la acampada ofrece una imagen pésima del movimiento que dificulta su extensión. Ante estas acusaciones el grueso de los acampados está desarmado. Carece del acceso a la página de acampadabcn, con más de 70.000 adherentes, en manos de la comisión de comunicación, que, aunque desacampada, se niega a informar tanto de lo que ocurre en las asambleas de la plaza, como a transferir las claves para la gestión de aquélla. Desde Plaza Catalunya se dice que se va a reconstituir cada comisión que marche, pero en el caso de comunicación, no se lleva a cabo. Un error fatal que sumirá a la acampada en un aislamiento cada vez mayor y que le impedirá darle la vuelta a la tortilla en cuando al imprescindible apoyo social para seguir adelante. Esa negligencia, mortal, no va a ser, empero, un detalle azaroso, sino que se derivará de la confusión reinante, en el momento, por la falta de claridad política y cohesión en torno a lo que estaba sucediendo con el movimiento (una ofensiva orquestada contra la plaza por los enemigos de éste que achacan, astutamente, este conflicto al “desgaste”). Aunque se percibe la intensa onda expansiva de dicha ofensiva, nadie, o muy pocos, tienen del todo claro de dónde proviene, por qué está motivada y cuál es la forma de contrarrestarla.



Mientras el reformismo militante está bien cohesionado, organizado en partidos con suficiente experiencia política, desde los que maniobrar, y cuya estrategia y línea de actuación se decide fuera de la plaza, el movimiento, con una andadura brevísima, de tan sólo un mes, integrado por un montón de adherentes primerizos en esas lides, que desconocen siquiera o que no le dan la importancia debida a la delimitación de sus propias fronteras, no tiene apenas experiencia política. Carece de un recorrido dilatando en el tiempo —lo que tanto el Estado como sus lugartenientes de izquierda buscan evitar— y de una mayor organización para afrontar y superar el envite. Ese proceso ha sido abortado, en una primera instancia, con éxito.

24) La cita de los barrios del día 26, en la plaza, no comienza, precisamente, con un buen entendimiento entre los miembros de las comisiones acampadas y los portavoces de la dinamización de la asamblea barrial. Varios miembros de la acampada intentan leer un comunicado informativo sobre la situación de Plaza Catalunya, pero son impedidos con firmeza de hacerlo. La misma inteligencia reformista que ha decidido someter la plaza a cuarentena informativa, ha decido, también cortar el hilo informativo entre los acampados y los que ahora participan en las asambleas de barrio, aunque, por el discurrir de la reunión, se ve claramente que esas asambleas no forman parte del 15-M, sino de algo completamente distinto.



Para empezar, no deja de ser significativo que las alusiones que los representantes de los barrios hacen de la plaza en sus turnos de palabra sean todas tangenciales y peyorativas. El “delegado” de Sants comienza su intervención indicando, con toda claridad, que presentan «una proposta organitzativa per desplaçar el poder de plaça Catalunya als barris». El de Sant Andreu, por su parte, dice que se cuestionan la “funcionalidad” de Plaza Catalunya, y desde Poble Sec se comenta que se puede usar la plaza como Ágora, pero por precaución a no recaer en la verticalidad (¿?), podría realizarse [dicho Ágora] en cualquier otro sitio. Todos tratan a la plaza como a perro muerto; como si, por golpe de chistera, la famosa resolución del día 5 de junio, en la que se habla de mantener la presencia en la Plaza Catalunya «redirigiendo la energía hacia la actividad diurna y la conexión con los barrios» (6), les invistiera de plenos poderes para llevarse el movimiento a los barrios.



Ese es el sentido de la tergiversación que se ha hecho acerca de lo aprobado en la asamblea de la plaza a principios de junio: intentar capitalizar el poder de convocatoria del movimiento indignado hacia la casa de algunos partidos. Lo más llamativo es que, tratándose, en teoría, del mismo movimiento, mudado simplemente a los barrios, en la era de Internet y las redes sociales, que son, precisamente, las que hay favorecido la explosión del 15-M y su rápida extensión desbordando las barreras geográficas que antaño suponían las distancias y el confinamiento de los proletarios, precisamente, por barrios, aislados unos de otros, éste se reorganice volviendo a una base —prácticamente del siglo XIX— completamente superada y que no está en su origen como movimiento.


¿Es creíble que el movimiento indignado vaya a organizarse, a partir de ahora, por barrios, al estilo de lo que fueron las inoperantes asambleas de vecinos de los años 70? ¿Cómo es posible? ¿De dónde han salido todas esas asambleas “de barrio”?


Repitámoslo. Dichas asambleas de barrio no forman parte del 15-M, sino que, como han reconocido sus propios patrocinadores, son anteriores a él. Muchas comenzaron como comités de apoyo, en varios barrios, a la farsa de Huelga General organizada por los sindicatos burgueses CCOO y UGT en septiembre de 2010 (7) dentro de la Asamblea de Barcelona (patrocinada por los críticos leales de dichas organizaciones, los sindicatos CNT y CGT), hasta que, tras el fracaso de la huelga, se van desligando de la AdB y pasan a denominarse «Asamblees pels Drets Socials» centrándose más en el trabajo de cada barrio y siendo impulsadas, sin tapujos, por partidos como Endavant o En Lluita (8).



Junto a otros colectivos y asociaciones de vecinos, forman la Coordinadora de barrios, desde donde, en julio, con la venia de Revolta Global, que intenta manejar —lo consigue dentro de ciertos límites—, la acampada de Plaza Catalunya, se creará la comisión de extensión, la cual, según se informa en el mismo encuentro de barrios del día 26, tenía como objetivo «fomentar la creación de asambleas de barrio» (9).


Así es como por arte de gracia —apoyándose en una interpretación totalmente sesgada e interesada de la famosa resolución del día 5 de junio en la que se habla de mantener la presencia en Plaza Catalunya «redirigiendo la energía hacia la actividad diurna y la conexión con los barrios»— la asamblea de barrios del 26 sale de su propia reunión, vista a sí misma, como la nueva estructura organizativa indignada. Por esas curiosas carambolas de las relaciones de poder entre los que sintieron en su cogote la responsabilidad de sacarnos de la plaza y los que les pusieron en bandeja la fórmula para hacerlo, la dirección reformista del movimiento indignado pasa de unas manos a otras. Hasta qué punto se le podrá seguir llamando movimiento a eso, es algo que está por ver.


Otra prueba más de que dichas asambleas nunca se han sentido concernidas por los problemas concretos del 15-M es la apatía mostrada, durante el mismo encuentro del 26 de junio, ante el miembro de la Comisión Jurídica que planteó la negociación con el Ayuntamiento de Barcelona para dar una salida a la acampada de Plaza Catalunya. Lo que, en una asamblea de la plaza hubiera concitado un acalorado debate —como ocurriría en los días próximos—, pasó sin pena ni gloria ante los representantes de los barrios, que no le hicieron ningún caso. Ni les importaba la acampada, ni por supuesto —¿alguien lo dudaba?— el destino de la plaza, de su Ágora, o de lo que fuera a decidirse.



Tampoco les ha importado demasiado, a sus mentores, definir el contenido de la lucha que van a llevar sus asambleas; si éstas van a seguir fieles al espíritu apartidista y asindical, del movimiento original del 15-M, si van a servir a los parados, precarios, esclavos asalariados… o si van a abrir sus puertas a los sindicatos “combativos”, las asociaciones de vecinos, los pequeños comerciantes y pequeños empresarios de los barrios, que, como es fácil de adivinar, tienen otro tipo de intereses de clase, un poso conservador muy grande y preocupaciones sectoriales y locales que no son las del 15-M.



Al convertir el encuentro de barrios, de un día para otro, en una «trobada de pobles, viles y barris», como se ha hecho en la cita del día 10 de julio, la respuesta ya está dada. Mediante el pequeño detalle, del que nadie se iba a dar cuenta, consistente en incluir a los pueblos en la asamblea, no sólo se desplaza ya la centralidad de Plaza Cataluña, sino que se da el primer aldabonazo populista para abrir la caja de los agravios provinciales contra la Barcelona “centralista” —ya empiezan a oírse en los debates internos—, que no son sino un encubrimiento de la inquina pequeñoburguesa (usada y amplificada cuando le interesa a la gran burguesía) contra la Barcelona proletaria. Una fórmula muy discreta, igualmente, para hacer venir a votar, para la ocasión, a un buen número de militantes locales del pueblo o ciudad, adherida a la asamblea, cuando sea pertinente.


¿No es también, evidente, que toda esa veintena de asambleas, desconexas unas de otras son mucho más fáciles de manipular y de manejar, en la penumbra de cada barrio, con un puñado de militantes bien cohesionados —centralizados en el seno de un mismo partido— en cada zona?

25) La propuesta de negociación con el Ayuntamiento de Barcelona, que no concita ningún apoyo ni antipatía por parte de los barrios, se plantea al día siguiente en una asamblea de urgencia que discurrirá en medio de un gran alboroto. La comisión de comunicación, que, como hemos dicho, se ha desvinculado completamente de la acampada, a pesar de apropiarse y hablar, desde la página de acampadabcn, en nombre del movimiento —sin que por ello informe ni recoge, insistamos, desde el día 8, insistamos, el acta de las asambleas que se celebran en la plaza—, anuncia de forma sorprendente la celebración y el contenido de la asamblea del día 27, con un «invitamos a acudir a todos los interesados» (La práctica totalidad de sus integrantes se persona, de forma muy disciplinada, para votar a favor). Tal es la razón de lo que, desde los medios, se caricaturizaba como “resistencia numantina”, una determinación, por contra, de lo más realista, que fue torpedeada, de todas las maneras, una y otra vez, por los que, a justo título, merecen el calificativos de traidores del movimiento; en los hechos, todas aquellas fuerzas e individuos que instaron a levantar la acampada y la dieron por aprobada, —cosa que, insistamos, con las actas en la mano, es falsa—, sin ninguna garantía de poder seguir haciendo un uso público y periódico de la plaza.


Durante la asamblea, los ponentes informan de que la Guardia Urbana les ha dado un ultimátum de 24h para levantar la acampada y de que la única forma de seguir en la plaza es negociar con el ayuntamiento la permanencia, como Ágora, lo que equivaldría a sustituir las actuales tiendas de las comisiones por varios módulos repartidos por la plaza. Se habla de la ayuda de arquitectos expertos en bio-construcción y muchos otros proyectos fantasiosos que nadie se cree demasiado. Los contrarios a la negociación dudan que el ayuntamiento vaya a consentir todo eso, afirman que el movimiento no se vende —no se levanta— por un mísero punto de información y que la negociación es una trampa para acabar con el movimiento y desalojarnos sin incidentes. Los que están a favor argumentan que no contamos prácticamente con apoyo y que si nos negamos a negociar nos desalojarán por la fuerza y perderemos la posibilidad de hacer asambleas en la plaza.


Hasta ahí, sólo se trata de un debate perfectamente legítimo y necesario entre los miembros y simpatizantes de la acampada ante un hecho urgente y puntual, pero desde el momento en que, tras la votación —la que la opción de negociar es derrotada por una diferencia de unos 14 votos de un total de unos 140 participantes—, se pide que se repita el recuento porque “se ha contado mal” —cosa que, evidentemente, no se acepta— y, al cabo de un rato de tremendas discusiones y turnos de palabra, se insta, desde la dinamización a convocar una nueva asamblea para el día siguiente en la que se habría de repetir la votación, el enfado —recuérdese que en la votación del día 10, donde se forzó la aprobación del levantamiento de la acampada, se había rechazado el método del consenso, votando por mayoría simple— , el desasosiego, y la conciencia de que se está jugando con la asamblea se apodera de la plaza (10). Muchos no volverán al día siguiente y los que lo hacen se encontrarán con la sorpresa mayúscula de que, a pesar de lo acordado, ¡se ha negociado!


Mediante una hoja fotocopiada que quema entre las manos de los congregados, se informa, ese martes a la noche, de la negociación llevada a cabo, en un bar del centro, durante la mañana, entre seis miembros de las comisiones y un intendente de la Guardia Urbana. La gresca que se desata a medida que los asistentes llegan y van tomando conciencia de la situación es monumental. La última asamblea de Plaza Catalunya será la más violenta, confusa, desesperada, y caótica de todas, ya que, por si fuera poco, desde la tarima de dinamización, se informa que la asamblea tiene que ser exclusivamente informativa y que no se abrirán turnos de palabra. La notificación de dicho punto desata el motín. Tras una noche entera de discusiones, acusaciones, y debates interminables, se elabora un comunicado que reniega de la negociación ilegítima realizada a espaldas de la asamblea y con un objetivo en el que, como mínimo, no existe el consenso. El documento «aquí estamos, aquí seguimos» reza así:



Acampada Barcelona en Plaza Catalunya desmiente categóricamente que la supuesta negociación abierta desde la Plaza tenga legitimidad asamblearia. Ayer martes, algunas personas contactaron a título personal con la Guardia Urbana enviada como mediadora del Ayuntamiento. Estas personas no representan la voluntad de la acampada. La propuesta del Ayuntamiento de desacampar a cambio de montar un único módulo de 4 x 2 metros no se nos fue proporcionada de forma ni legal ni legítima. Y el módulo no responde a las necesidades de luchas, actividades y comunicación de la Plaza y del Movimiento 15M.
Desde el primer día hemos aclarado que el ágora es pública y transparente. Cualquier persona es bienvenida para ser escuchada en asamblea. Ofrecimos ayer al mediador de la Guardia Urbana presentar su propuesta públicamente en el escenario durante la asamblea, pero se negó.
La lucha sigue en la Plaza Catalunya. Las comisiones quedan activas y abiertas a todas las propuestas. Seguimos con más actividades alternativas al sistema capitalista, en coherencia con los principios elementales que fundaron la acampada de la Plaza Catalunya en Barcelona.
29-06-2011



Aunque se le pueden achacar algunos defectos y carencias al comunicado, en una cosa se mantiene determinado. Conservar la plaza, contra la presión del Estado y el sabotaje encubierto de los militantes reformistas, como cabeza visible y simbólica del movimiento 15-M y hacerlo reafirmando la continuidad de las actividades en coherencia con la declaración de principios de la acampada que, a todas luces, hablan de una lucha anticapitalista. El comunicado será leído ante las cámaras de BTV, entre aplausos de los congregados, y colgado en Internet, sin tener apenas tiempo para ser difundido. En la madrugada del día siguiente, sin haber tenido tampoco tiempo para reorganizar la plaza ni establecer una estrategia de defensa —en una sola noche era imposible recuperar el apoyo perdido, el apoyo robado, y generar uno nuevo—, los Mossos de Esquadra rodean la plaza y, tras un intento inútil de resistencia, consiguen sacar de la plaza, uno por uno, al centenar de activistas acampados y simpatizantes.


Para acabar de aclarar las cosas, a modo de conclusión y como desmentido de la versión extendida, desde la fecha del desalojo, tendente a presentar a los resistentes como un núcleo de okupas ajenos al movimiento, que se negaban a abandonar la plaza por haber hecho de ella su modus vivendi, su gueto o su propiedad particular, sin interesarse por lo que ocurría fuera de sus fronteras, hay que decir que la mayoría de los acampados recalcitrantes deciden permanecer en la plaza por motivos completamente diferentes.


A falta de un compromiso, por parte del Ayuntamiento, para reconocer el derecho de los indignados a realizar asambleas y actividades en la gran plaza pública —lo realmente fundamental—, la única garantía de éstos, para seguir adelante, y proceder a reestructurar el espacio por ellos mismos, era mantener gente del movimiento pernoctando junto a las instalaciones de las comisiones.



26) La fotografía final de lo que empezó como un una ruptura, de alcance internacional, de la normalidad política del Estado español es la siguiente. Los que conspiraron sistemáticamente para “descentralizar” aquello que la indignación y el odio contra el capitalismo había conseguido centralizar, de forma espontánea, han conseguido desalojar la plaza tildando de «ajenos al movimiento» a los acampados resistenes, al unísono con la prensa y las instituciones del sistema.


El señor Jordi Hereu se ha permitido, no sólo desalojar la plaza, sino decir, sin nadie que salga a discutirle, que lo hacía «Por respeto al 15-M» ¡Por respeto al 15M! Así pues, dado que los continuadores oficiales del movimiento tampoco se sienten concernidos por estas palabras, ¿Qué piensan hacer los ex acampados “ajenos al movimiento” y todo aquél que se sienta aludido por el “respeto al 15-M”?


A fecha de hoy, no se conoce ningún documento que recoja, aunque sea sucintamente, o, en líneas generales, la narración —mucho menos el balance— de lo que ha sido la experiencia de la acampada de Barcelona hasta el día 30 de junio, fecha en que fue definitivamente desalojada. Ese vacío no es un hecho casual. Si no ha habido ninguna manifestación de solidaridad, ninguna protesta ni ningún lamento o referencia a la pérdida de la plaza por parte de sus supuestos herederos o continuadores —encuentro de barrios, comarcas y pueblos del 10 de julio—, es porque ni son sus herederos ni sus continuadores.



Por tanto, so pena de encubrir lo acontecido, no se puede pretender mantener vivo el movimiento, sea por el camino que sea, sin un balance que delimite, transcurrido casi un mes de aquello, qué es y qué no es el 15-M; quiénes son los verdaderos continuadores del movimiento indignado y quiénes no.


Una consecuencia de ello, es que, en estos mismos momentos, desaparecidas las acampadas y a falta de dicho balance, se está intentando confundir lo que son las luchas sectoriales y sindicales de trabajadores públicos, o de empresas privadas, que están teniendo lugar, de forma casi cotidiana, ante las políticas de recortes aplicadas por el Estado —en las cuales los sindicatos y otras organizaciones de la izquierda capitalista ejercen tradicionalmente su dirección—, con el 15-M: la reivindicación y ocupación de las plazas para el debate y la organización de esos y muchos otros explotados por el capitalismo fuera de los aparatos políticos del sistema (11).


¿Van a conseguir engañarnos? No. Sabemos que El 15-M no era ni es la lucha de los trabajadores públicos contra los recortes, ni las asambleas de vecinos, ni los pueblos (todo eso ya existía antes); era, esencialmente, los estudiantes precarios, los parados y explotados de toda condición debatiendo en las plazas de las grandes urbes fuera de sus guetos y de los aparatos políticos del capitalismo. Eso es lo que el Estado quería borrar, que no madurase, y lo que, gracias al trabajo de algunos, se ha conseguido.


Lo que se plantea ahora es si diluirse en el torrente reformista por el que ya sin oposición, usando la excusa de apoyar las legítimas reivindicaciones de miles de trabajadores, quieren llevar a los indignados, sin la visibilidad ni la independencia de antaño, las fuerzas que les sacaron de la plaza, o si, por contra, hay que organizarse separadamente de ellas, separadamente de su pacifismo y de todas las nefastas ilusiones en la reforma de la democracia capitalista, las cuales, corregidas y aumentadas, nos han sustraído del apoyo masivo de desempleados, asalariados y anticapitalistas.


Pero la evidencia es clara. Lo que ha muerto ya no resucita. La plaza no volverá a revivir ni a ser ocupada por las mismas fuerzas ni con las mismas ilusiones que aquellos 16-17 de mayo de 2011. Querer reeditar la toma de la plaza en la misma línea que la llevó a la derrota, es, como mínimo, encubrir a los responsables de lo sucedido y eximirles de toda culpa; convertirse en sus apéndices. A lo sumo, un intento estéril e inútil para acabar de desgastar todas las energías comprometidas con el espíritu rupturista del 15-M y cerrarles el paso a un balance revolucionario de dicha ruptura.


Ni el silencio, ni los ataques de la crítica, ni la difamación hacia los que emprendemos este trabajo con la determinación de que cristalice en algo solido, podrán impedir que la necesidad de aprender de la experiencia se abra camino, una vez más, entre los que luchan para romper los engranajes de este sistema explotador. Todos los movimientos revolucionarios, todas las vanguardias científicas, políticas, artísticas, etc. han echado a andar y se han forjado, siempre, de la misma forma. Con la decisión y la determinación de nadar durante un tiempo contracorriente.



barduk
19-07-2011

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